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Apuntes para una adaptación flexible al video digital

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Pero que difícil se ha vuelto el mundo de la conectividad híbrida (analógica, digital) para el integrador. ¿Cómo hacer convivir el video en tiempos donde la industria de la IT lleva la batuta? Reflexiones para un futuro incierto.



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Durante largo tiempo hemos venido platicando de video digital, cada vez con mayor frecuencia y profundizando en sus aspectos, pero concientes de que aún son pocos los proyectos que requieren una solución totalmente digital; en primera porque las fuentes de señal análoga aún están presentes en la mayoría de los sistemas y, en segunda, porque no hemos hecho la tarea de aprender y probar video digital, de manera que nosotros, los “expertos”, ¡no lo promovemos!

Esta convivencia entre análogo y digital, que para nosotros es algo más o menos común, cambiará de manera definitiva: recordemos que el 12 de Junio pasado, en Estados Unidos, se dio por terminada la transmisión de señales de TV análogas para dar paso únicamente a las de TV digital;  y está previsto que el 31 de diciembre de este año, también en la Unión Americana, entre en operación el “Advanced Access Content System” (AACS) que es un estándar desarrollado para proteger la distribución de contenido al gestionar digitalmente los derechos de cada disco o transmisión (su primera fase se dio al determinar que cuando los equipos tuvieran una salida de video análogo, por ley, únicamente pueden generar una resolución máxima de 480i y/o 480p).

Este fenómeno, ya hemos dicho, se conoce como el Ocaso Análogo y, en resumen, se refiere a que a partir de enero de 2011, las señales análogas estarán asociadas a baja resolución. Esto generará un conflicto ya que nuestros displays crean imágenes de mala (y, a veces, muy mala) calidad con señales análogas de baja resolución.

Los promotores y fundadores de esta plataforma pertenecen a las tres ramas clave del entretenimiento residencial que, con la tecnología actual, suma estudios cinematográficos, empresas de TI y electrónica de consumo como Warner Bros, Walt Disney, IBM, Intel, Microsoft, Sony, Panasonic y Toshiba -puro ‘changarro’ grande-. El mensaje es sencillo: la búsqueda de protección de contenidos obliga a la implementación de nuevas tecnologías, todas ellas en dominio digital y aunque seguiremos teniendo fuentes de señal análogas por muy largo tiempo, la buena calidad de imagen ya no podrá ser obtenida de señales análogas.

Al respecto puedo esbozar varias conclusiones: una, la relacionada con que ahora debemos recuperar el tiempo perdido y empezar a estudiar -en serio- sobre señales de video digital. Ya abordaremos más sobre el tema en el futuro, pero lo que hoy es una realidad es que usamos plataformas de cómputo como medio para distribuir contenido de entretenimiento residencial; de hecho hace ya varios años que los servicios disponibles -en Estados Unidos- son atractivos, variados y con precios razonables. Aunque en Mexico nos falta -y mucho- para llegar a estos niveles, primero tendría que haber más receptores compatibles con señales digitales, opciones de conexión de banda ancha con la velocidad necesaria para estas aplicaciones y, desde luego, oferta de calidad para que valga la pena hacer esa inversión económica y de tiempo cuando nos sentemos a disfrutar. Eventualmente llegaremos a ese punto, de ahí la importancia de mejorar poco a poco.

Otra conclusión es que si bien el futuro es incierto, por la variedad de opciones que se mencionan actualmente, lo único real es que diseñar sistemas que sean consistentes con esa calidad será cada vez mas difícil. Las nuevas fuentes de señal irán separándonos de las antiguas y el reto será dominar los aspectos técnicos para la distribución de ambas. No será sencillo, en el camino habrá bajas (equipos que no funcionan, señales que no llegan a su destino y mucho más), pero no podemos negar que el mundo del video será completamente digital. Y, no sólo eso, el papel que las tecnologías de información jugarán en nuestros proyectos será predominante: entender de redes no es una necesidad, hoy es simplemente obligatorio. En video los pixeles pasan a un segundo término, aquí se habla de aplicaciones de video bajo demanda, IPTV (o televisión vía Internet), evaluar entre instalar un sistema convencional de distribución de video o hacerlo dentro de una LAN son ya temas de vital importancia. En gran medida es la electrónica de consumo la que nos arrastra hacia horizontes en los que lo digital y las tecnologías de información crecen y desarrollan opciones muy vistosas que están en la mente de los usuarios finales, ellos aprueban o desechan pero nosotros, al menos, debemos tener el impulso de comprender.

Así, dentro de esta vorágine de avances, cambios, conflictos y exageraciones el integrador profesional debe saber distinguir cuando las especificaciones o el uso de un equipo de electrónica de consumo pude poner en riesgo la integridad de su proyecto, como pueden ser evaluar si se pone HDMI a grandes distancias, relaciones de contraste de 1’000,000:1, una salida HDMI a varios displays con diferentes resoluciones, etcétera; o bien, si en su lugar resuelve la aplicación con equipos profesionales, que aunque con mayor precio, tienen prestaciones superiores, estabilidad y tiempo de vida útil mayor. Normalmente generan una mejor relación costo beneficio, con un detalle adicional, sus especificaciones tienden a ser considerablemente más reales y apegadas a la realidad.

Como último detalle les diré una cosa muy sencilla, pienso que la clave está en el contenido, de muy poco serviría tener el mejor home theater, si no hubiera una película o un concierto que nos emocionara, ya sea con balazos o con una melodía que toca el corazón. Lo que todo esto busca es preservar los intereses de los estudios, en primer lugar, y de los artistas e intérpretes en segundo término; después de todo, puede que tengan algo de razón, no los veo como los guardianes de la cultura ni nada por el estilo, en su mayor parte es simplemente negocio. Empero, no habría películas sin estudios, conciertos y musicales sin productores, etcétera. Me gustaría que todo esto fuera para bien, que se hicieran mejores historias y música, no importa si en el camino se llenan de lana, lo que trasciende es la calidad plasmada en películas y conciertos; lograr que sean inolvidables y que la tecnología del audio y video nos permitan disfrutar como si estuviéramos en la primera fila. No me digan que la piratería tiene algo de bueno.

Para dejarlos interesados, les doy más información sobre AACS: es una especificación para el manejo del contenido almacenado y pregrabado en medios ópticos cuyo uso se hará en PCs y equipos de electrónica de consumo.  El sistema permitirá a los proveedores de contenido que figuras como los anunciantes (también llamados “agregadores de contenido”) incorporen información; los fabricantes de dispositivos encontrarán nuevos modelos de negocios al contar con la posibilidad de desarrollar nuevos productos basados en los requerimientos de este naciente estándar; por ejemplo, en grabadores (los cuales sólo podrán grabar el material que se clasifique apto para ello) se podrá conservar contenido en alta resolución, pero que no sacarlo para ser compartido con sistemas diferentes. 

El beneficio para el usuario es la promesa de soporte para nuevos formatos, mayor facilidad para distribuirlos y reproducirlos, además de su compatibilidad con otras plataformas y formas de almacenamiento. A la industria le permitirá nuevos modelos de negocios, protección de contenidos y, sobre todo, fomentar el uso de material legítimo, aunque sí, como toda promesa de antipiratería ya ha sufrido varios ataques que han descifrado su algoritmo y permitido abrir el contenido protegido.

El día de hoy deleito mi oído con la música de John Klemmer y su discazo, Cry, Solo Saxophone,  y sigo embelesado con don Keith Jarrett y su álbum Concierto en Colonia, es una maravilla como ellos solitos pueden hacer un alarde de técnica y capacidad de improvisación, ambos de mis súper favoritos, de los que atesoro tanto que los escucho de manera seria, con atención y agradeciendo que hayan escogido su profesión. Un festín para las orejas y, cuando la música es así de buena, hay que alegrar un poco el espíritu y de eso se encargó mi whiskito: un Glenorangie de rechupete.  HT
   


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