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Tu huella ecológica
¿Sabes qué tan grande es y cuánto podrias reducirla?

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En esta segunda parte, Angelika Kurz y Rogelio García-Mora Pinto explican cómo es que los humanos dejamos nuestra huella ecológica en el mundo y la capacidad que también tenemos para reducirla.


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En el número anterior hablamos generalidades sobre la Huella Ecológica y la forma en que, de acuerdo al estilo de vida de los seres humanos, ésta implica una alteración sobre la capacidad productiva y energética del planeta. Ahora, veamos cómo se calcula esta impronta y ejercitemos algunas formas para reducir su impacto.
La World Wide Fund for Nature (WWF)1 ofrece para México un cuestionario por internet que nos ayuda a conocer nuestra propia huella ecológica, un cálculo simplificado a partir de nuestra alimentación, transportación, desechos, energía y agua; este nos ayudará a referenciar cuánta tierra o espacio marino necesitamos para generar lo que consumimos, así como para eliminar nuestros desechos. Cálculos más específicos existen pero desafortunadamente aún no incluyen a México2. WWF-México presenta también una comparación entre las huellas ecológicas de diferentes países, de manera muy grafica:

  • Si el mundo entero tuviera un estilo de vida similar al promedio de los Estados Unidos de Norteamérica, necesitaríamos 5.38 planetas para sostener a la población global.
  • Si el mundo tuviera un estilo de vida similar al promedio de México, necesitaríamos 1.36 planetas para sostener a la población global.3
  • Si la población mundial tuviera un estilo de vida similar al promedio de Afganistán, necesitaríamos tan sólo 0.17 por ciento del planeta para sostener a la población mundial actual.

Podemos ilustrar los cálculos de la huella ecológica y sus variaciones con un ejemplo pequeño pero representativo: nuestros medios de transporte. Raquel Moreno López4 realizó una aproximación de cambios y sus repercusiones en ciertos hábitos de vida individual, considerando tres distintos medios de transporte, bicicleta, automóvil y transporte público; en un trayecto de 24 kilómetros diarios durante 230 días al año, los resultados son los siguientes:
La bicicleta: los incrementos se producen en áreas de cultivo, debido al aumento de consumo de hidratos de carbono necesarios para el esfuerzo físico realizado: un aumento de 0.02 hectáreas/habitante.
El automóvil: incrementa 3.4 hectáreas/habitante en absorción de CO2 debido al consumo de energías fósiles.
El autobús: incremento de áreas de absorción de CO2, pero debido al número de pasajeros promedio, el incremento de la huella es de 0.07 hectáreas/habitante.
Todos los productos que consumimos tienen alguna categoría en la huella ecológica, como el ejemplo anterior, todo producto de consumo atravesó una larga cadena de extracción de materias primas como madera, pesca, hidrocarburos, entre muchas otras; distintos procesos de transformación; promoción y diseño; distribución y transporte; comercialización y muchos otros eslabones hasta convertirse en un producto terminado para su adquisición asequible. Toda intervención o eslabón de la cadena incrementa la huella ecológica hasta llegar al consumidor final; por lo tanto, es importante tener conocimiento y conciencia de nuestros consumos, sus procesos y origen.

Nuestra huella ecológica puede reducirse también con pequeños detalles inimaginables o poco difundidos, por ejemplo reciclar o reutilizar materiales –que concluyen una supuesta vida útil– puede ayudar mucho. Varios investigadores estiman que el papel y cartón puede recuperar un 50 por ciento de energía por reciclaje, es decir, si una X cantidad de toneladas de residuos de papel representaran 100 hectáreas, un 100 por ciento de reciclaje de esa cantidad, representaría finalmente 50 hectáreas; reciclar aluminio estima un 90 por ciento; metales magnéticos y vidrio un  50 por ciento; algunos plásticos hasta 70 por ciento; hemos logrado casi un 100 por ciento para los residuos orgánicos por compostaje y un 50 por ciento en residuos sólidos o basura cuando se trata de sociedades que separan ésta.

La Huella Ecológica integra múltiples impactos ambientales, sin embargo, muchos quedan fuera de estos cálculos, no son contabilizados, como la contaminación de suelos y los mantos friáticos, impactos atmosféricos más allá del CO² y consecuencias por erosión, entre muchos otros que, paradójicamente siguen asumiéndose estables, como la productividad del suelo agrícola, ganadero y forestal que han disminuido en todo sentido. El instrumento es complejo y requiere estadísticas y datos duros que varían constantemente y no siempre están disponibles; sin embargo, acusan un estado de sobreexplotación indudable.

Los cálculos anteriores suponen que toda la superficie productiva de la Tierra está dispuesta para satisfacer las necesidades de los seres humanos, sin embargo, existen más de un millón y medio de otras especies con las que compartimos el planeta, que viven en bosques, selvas, manglares, desiertos, ríos y océanos5. En conclusión, la huella ecológica es una herramienta importante para establecer tanto el impacto de las actividades humanas sobre el ecosistema, como las medidas correctivas para sublimar dichos impactos. Lamentablemente, podemos observar en las gráficas y tablas que, la Huella Ecológica mundial se incrementa: cada vez exigimos más superficies del planeta para satisfacer nuestras necesidades. HT

   


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