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La luz: nuestra mejor medicina

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Bienestar lumínico. He aquí los efectos positivos y negativos que puede traer a nuestra vida un adecuado diseño de iluminación.
Por Nazzar Jalili Zúñiga


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Los seres humanos, así como cualquier otro ser vivo del planeta, estamos relacionados directamente con el entorno donde nos encontramos. Nuestro cuerpo reacciona de diferentes maneras a los estímulos de luz, calor y sonido a los que estamos expuestos cada día. A pesar de que las condiciones ambientales varían de un lugar a otro, los arquitectos deben tomar en cuenta esta tríada al hacer sus proyectos.

En esta ocasión hablaremos específicamente de la influencia que tiene la luz en nuestra vida, y de manera concreta, sobre nuestra salud.

Al tratarse de una forma de energía, la luz tiene la capacidad de afectarnos positiva o negativamente, de tal forma que una mala iluminación puede traernos serias afecciones. Todos estamos conscientes de que pasar mucho tiempo expuestos a los rayos UV es dañino, el exceso de luz en el medio ambiente puede afectar al cuerpo humano por la acción calorífica de los rayos infrarrojos o por la acción de las radiaciones ultravioletas sobre la piel. Pero, no sólo la sobreexposición genera malestares, la carencia de ella también provoca una gran variedad de trastornos.

En 1986 la Organización Mundial de la Salud reconoció un padecimiento conocido como Sick Building Syndrome (Síndrome del Edificio Enfermo) y lo definió como un conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del ambiente.  Dentro de las causas o factores que provocan esta contaminación se encuentra la mala o pobre iluminación del lugar.

También podemos mencionar el Trastorno Afectivo Estacional (TAE): Durante el otoño y el invierno los humanos buscamos refugio en lugares cerrados, éstos se convierten en el  centro de nuestras actividades. Esto provoca un cambio en el estado de ánimo que puede derivar en una depresión. Lo anterior se debe a que nuestras viviendas, escuelas y oficinas están pobremente iluminadas y cuentan con poca o nula luz solar. Basta comparar los escasos 300 ó 500 lux de intensidad de la iluminación usual, con los 10,000 lux que nos ofrece la luz natural en un día nublado, o los 150,000 lux de un mediodía radiante de verano.

Nuestros ojos, la piel, la sangre, e incluso el cuero cabelludo, detectan la radiación electromagnética, la luz estimula la producción de hormonas de las cápsulas suprarrenales que regulan el metabolismo y la reacción del cuerpo a los estados de estrés. Estas hormonas son importantes para múltiples mecanismos del organismo, entre otros, de la regulación del ritmo diario de los órganos. Este ritmo diario de los órganos se conoce como ciclo circadiano  (que en latín quiere decir cerca de un día).

Dentro de las actividades cotidianas podemos mencionar las de comer, dormir y las actividades físicas diarias, como situaciones que están reguladas por intercambios energéticos entre los órganos internos y los agentes exógenos. Esto provoca que los receptores que se encuentran directamente expuestos, protejan de variaciones rítmicas drásticas al organismo.

Existen diferentes factores que pueden alterar el ritmo de nuestro organismo, dentro éstos encontramos a la iluminación. Cuando existen variaciones dentro de los patrones diarios, el organismo puede llegar a tener padecimientos, como lo falta de apetito, ánimo bajo, depresión, insomnio, entre otros.

Hay varias formas de combatir estos males, una por ejemplo la proporciona la Domobiótica. Ésta nos dice que en la iluminación artificial, para evitar el parpadeo causante de estrés y fatiga para la vista, basta con utilizar los modernos balastros electrónicos (que es donde se conectan los tubos fluorescentes) con frecuencia de operación superior a los 20,000 Hz.

Una correcta iluminación artificial debe tener una intensidad de 800 a 1000 lux como mínimo y, sobre todo, debe emitir luz de un color similar al Sol. El ambiente cromático se completa eligiendo los colores de paredes, muebles y cortinas de la casa, preferiblemente de tonos claros que reflejan mejor la luz. También se recomienda el uso de lámparas full-spectrum. Una exposición de treinta minutos al día estimula a los neurotransmisores, de los que hablábamos previamente, y con ello prevenir las alteraciones en el ánimo.

El CIE (Comité Internacional de iluminación) provee de una guía para iluminar las oficinas de manera adecuada, tomando en cuenta diferentes factores tales como la visibilidad, la satisfacción visual, el rendimiento, niveles de adaptación, y otros.

Los pasillos, áreas de circulación o áreas de trabajo, deberán estar iluminadas entre 20 y 50 lux, las áreas de circulación, de 50 a 150 lux, los espacios con tareas de exigencia visual simple de 200 a 500 lux, mientras que los de exigencia alta de 500 a 1000 lux, si se trata de una exigencia visual muy exacta, deben estar por encima de los 2000 lux. La iluminación correcta de los espacios laborales deberá conducir a un ambiente de trabajo más sano, a una productividad alta y a reducir el ausentismo entre los trabajadores del lugar.

La luz ha sido y será vital para la humanidad, desde aquella chispa que originó fuego en nuestros antepasados hasta las luminarias más modernas, siempre viviremos a través de la luz. HT


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