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Iluminación de monumentos

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Las maravillas monumentales creadas por el ser humano, poco o nada resplandecerían sin un correcto diseño lumínico; aquí una guía básica.



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El hombre ha erigido un sin número de monumentos, templos, obeliscos y otras maravillas. Algunos como homenaje a los muertos, otros como regalo para los vivos, unos más sólo por demostrar el poderío de su civilización; pero al final todos impresos en las páginas del libro del patrimonio de la humanidad.

Hoy observamos con asombro construcciones como la ciudad de Petra en Jordania, metrópoli escondida de los nabateos, un pueblo que aún siendo de origen árabe se dejó influir de forma importante por los estilos arquitectónico y escultórico griegos: claro ejemplo es la fachada de su templo. Además en el año 106 a.C. la ciudad fue conquistada por el imperio romano, y como resultado encontramos entre sus calles un colosal Teatro Romano, el cual albergaría a casi 3000 espectadores; así como varias calzadas romanas cuyas ruinas permanecen bien conservadas.

Sin embargo, ¿qué sucede por las noches con los monumentos? Durante muchos años estas genialidades de los hombres pasaban desapercibidas durante los períodos nocturnos. En la actualidad sabemos que la iluminación de un espacio puede traernos como resultado la creación de todo un ambiente y lo mismo se aplica para las construcciones. Una buena iluminación, seguramente, creará el entorno perfecto para una fachada o edificio.

De eso se trata la iluminación monumental. En ésta, el nivel de iluminación se desarrollará con respecto a la posición de los objetos y deberá observarse de igual forma la luminosidad que los rodea. Pensemos en un entorno urbano donde encontramos una estatua como la columna de la independencia, mejor conocida como “El ángel” en la Ciudad de México, ubicada justo a la mitad de la urbe, ésta requerirá de una iluminancia mayor que si lo tuviéramos en un entorno de tipo rural.

Así mismo, deberemos analizar la luminancia1 de los objetos, es decir, cómo se muestran estos a la vista de las personas cuando reciben luz artificial. Este afecto determina, por ejemplo, la necesidad de poner más luz en los cuerpos oscuros y que en la iluminación monumental, que implica iluminar formas de gran volumen, se requiera de proyectores de muy alto rendimiento.

El entorno también es un factor determinante puesto que si el edificio está cerca de construcciones iluminadas o con ventanales con mucha iluminación, o circundante de edificaciones con curtain walls en las que la iluminación interior permanece encendida hasta entrada la noche, necesitaremos aplicar más luz para poder crear un impacto visual.

Ahora bien, la reflectancia2 de los materiales también nos dirá cómo se iluminará. Por ejemplo, el mármol claro o el yeso blanco tendrán un porcentaje de este indicador de entre 50 y 85 por ciento, por lo que se recomienda poner en un entorno claro aproximadamente 150 lux, mientras que en uno oscuro sólo 50 lux; materiales como el ladrillo tienen un porcentaje entre el 10 y el 20 por ciento por lo que se debe llevar a 500 lux si su entorno es claro, y a 200 lux si éste es oscuro.

Otro factor a considerar es la dirección o ángulo de visión del monumento. De esta manera, la vista más importante, la principal, nos llevará a iluminarla de manera que la luz forme un ángulo con respecto a la línea de visión. Este ángulo quedará definido por las características propias del edificio o monumento en cuestión, así como el grado de impresión que se quiera imprimir a la obra. En este punto, habrá que estudiar cuidadosamente todos los elementos capaces de producir sombras “duras” y cuidar  el ángulo vertical de orientación de los reflectores.

Párrafos antes hablábamos de la influencia de los materiales y decíamos que los claros reflejan más que los oscuros. En algunos casos, se debe considerar que las imperfecciones de algunos componentes resaltarán con la iluminación y que por regla el vidrio no debe iluminarse (curtain walls); sin embargo, lo que sí puede darnos juego para la iluminación es la estructura que los contiene.

Debemos ser cuidadosos al momento de elegir las luminarias y las fuentes de luz. A pesar de la popularidad de las incandescentes en estos casos, no son tan convenientes pues su vida es corta y, después de un tiempo, tendremos un monumento cuasi-iluminado por las lámparas fundidas. Las lámparas atenuadas o “dimerizadas” pueden ser una mejor opción, pues podríamos extender su vida útil de unas 1000 horas promedio a unas 6500 ó 7000. Las lámparas de mercurio halogenado, las de descarga y las de sodio de alta presión son las más comunes cuando se iluminan estos gigantes.

Por lo general se utilizarán proyectores, spots o los sonados embutidos de piso. Con frecuencia se ocupa la incandescente halógena tubular de doble contacto, conocida comúnmente como cuarzo-iodo.
Esta lámpara tiene una vida más extensa (2000 horas, al igual que la AR111 y la dicroica).
Tiene gran difusión en pequeñas fachadas por su tamaño reducido y su encendido instantáneo. Usualmente se coloca en reflectores fáciles de esconder.

Finalmente, pero no menos importante, será el color de las luces que se utilicen para iluminar. Esto dependerá mucho del tipo de construcción que se ilumine y si el concepto lo permite, los colores darán un toque moderno al ambiente, sino una iluminación blanca será suficiente. Un monumento bien iluminado no sólo nos regalará un excelente espectáculo visual, sino que se convierte en una eficaz manera de preservar estos regalos de la humanidad para el universo. Siempre hay que recordar que la escenografía es la que enmarca un hermoso espectáculo. HT


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