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MUAC
Lunes 04 de enero de 2010 num. 113
El arte de usar luz natural
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Los pormenores detrás del concepto de iluminación bioclimática para el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM.
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Concebido para complementar la gama de actividades culturales que ofrece el Centro Cultural Universitario de la UNAM, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), es un edificio de acabado geométrico, obra del arquitecto Teodoro González de León, que pone colofón al entramado simétrico característico del famoso complejo cultural estudiantil en el que se encuentran la sala Nezahualcóyotl, los teatros Juan Ruiz de Alarcón, Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel Covarrubias, el Centro Universitario de Teatro y las salas de cine Julio Bracho y José Revueltas.
Parte central de la estética del inmueble se concentra en la manera en que éste consigue sacar el máximo provecho de la iluminación natural, atributo recreado gracias a la intervención del despacho LightTeam, quienes aplicaron gran parte del conocimiento sobre lo que denominan arquitectura bioclimática en iluminación, referida al análisis y aplicación de la luz natural, con el propósito de domesticarla y aprovechar ésta en la edificación. “El principio que rige nuestro trabajo es entender el espacio que describe la arquitectura y, en ese sentido, somos una extensión del taller del arquitecto e interactuamos con su diseño para entender el manejo de la altura, el color, la proporción, la orientación y así poder intervenir en la selección de aquellos materiales que favorecerán el diseño de iluminación que propongamos, desde los vidrios, los domos o incluso los pisos. Lo que hacemos con todo eso es construir un mensaje de iluminación, nuestro proceso operativo está fundamentado en la geometría”, ahonda Gustavo Avilés, líder del proyecto que dio luz al MUAC.
Modelar la arquitectura con luz natural
Dada la connotación que hoy ostentan los museos como puntos de reunión social, el principio de iluminación del MUAC privilegia el atributo del movimiento de quien visita el espacio, dándole libertad y transparencia; pero, también respeta el carácter etéreo e imparcial del edificio, como explica el arquitecto Avilés: “Primero quisimos poner elementos que permitieran un diálogo directo con la arquitectura de Teodoro Gonzáles de León, para desatacar el carácter analizado y volumétrico del lugar, y lo segundo fue sumar a esa interacción, el movimiento de la gente ya con el museo construido. Lo que tenía que hacer la iluminación era corresponder a un elemento estático y, al mismo tiempo, a la dinámica de la gente que viene a reunirse en el museo. Ese es el principal atractivo del diseño que montamos: ver la arquitectura como ente vivo y estático, gracias a la iluminación, tanto en su interior como en el exterior”.
La decisión de poner como gran fuente luminosa del MUAC a la luz natural, se dio no por principio de ahorro energético, sino por una cuestión de filosofía y misión profesional: “Tenemos la postura de que el uso de la luz natural es un mensaje de renovación y de expectativa de conservación de las cosas. Quienes ven esto como una relación de cómo ahorrar watts, están condenados a vivir ciegos. Nuestro interés es recuperar los valores originales de la luz porque es una necesidad de subsistencia global a nivel humano, de cómo tratamos la energía que nos da el Sol y la manera en que ésta impacta nuestra orientación social; y, desde luego, la estructura que tenemos sobre la economía en materia energética. Los mexicanos estamos ligados a esto, somos una cultura del Sol, nuestros antepasados eran extraordinarios diseñadores de iluminación porque basaban sus propuestas en la lectura de la luz. Eso es lo que nos mueve y por eso nuestro trabajo se orienta en ese camino”, expone Avilés.
Interpretación solar, el lenguaje de la luz
Espacialmente, esta obra de gran escala que ocupa una superficie de 13 mil metros cuadrados, recrea un juego de volúmenes cuadrados, con rectas horizontales, verticales y diagonales, cubierto con materiales translúcidos; todo un combo de alteración lumínica que presentó el gran reto de estudiar y manipular la luz. De entrada, el tratamiento en la variación de las alturas, oscilando éstas entre los 6, 9 y 12 metros, desde el piso al nivel de los plafones que exigió un manejo de estos como entrepisos para las salas de exposición, en el que la lectura del espacio que ocupaban debió sortear la entrada de los rayos directos de la luz, para lo cual se hizo estudio preciso del paso de ésta mediante principios físicos de óptica.
“El museo es un objeto muy transparente, al punto que se vuelve un prisma al cual tuvimos que bajarle los niveles de iluminación para construir reflejos más suaves. Eso se aplicó en zonas como los pasillos donde al tener transparencia se podía volver no legible el discurso luminoso, fue un proceso de modelaje. Los plafones los convertimos en entrepisos que reciben los rayos del Sol y refleja estos varias veces dejándolos pasar a través de una membrana que hicimos con un tipo especial de vidrio. En la fachada logramos llevarla de lo transparente a lo opaco, difuminando el haz de luz en las partes bajas y altas, por medio de una técnica que usamos llamada maqueta uno a uno, para la cual construimos un cubo a escala de cada sala y espacio del museo, donde hicimos pruebas solares del paso de la luz conforme transcurría el día, durante varias semanas. Es un trabajo muy preciso el que realizamos y para ello adaptamos toda la geometría del museo para modelarlo con la luz natural”, relató Cecilia Guadarrama, responsable de la división de estudio sobre arquitectura bioclimática en iluminación.
El tratamiento del color ostenta una corrección cromática, no sobre la pigmentación de los colores, sino del manejo de la temperatura de luz, yendo de las blancas más heladas, a las más cálidas, con filtros de corrección cromática y de atenuación pasiva: “El color se trabajó a partir de un estado que se conoce como filme, el de la transparencia, para difuminar la luz mas no pintarla de color. Es una rectificación óptica en la que, a una fuente de halógeno o aditivo metálico que tiene una luz aséptica sin carácter, se le calienta o enfría para luego pasar su haz de luz por un lente que nos da cierta geometría (oval, central, concentrada, difusa); luego dotamos ésta con un cierto control de brillo o protección visual. Con este proceso logramos una calidad más fina en la reflexión de la luz dentro del museo, por eso no ves rayones ni manchotas, sino una luz un poco difusa, de la que incluso no se llega a percibir su origen”, acota Avilés.
El complemento de esta planteamiento y ejecución lumínica fueron la instalación de tecnologías o herramientas que recreasen la luz natural, como el diseño de reflectores asimétricos para mandar el mismo efecto que el sol crea al impactarse sobre los materiales. Se hicieron en el taller de Light Team con un balanceo acorde a las alturas existentes dentro del museo, lo que recrea una misma intensidad de iluminación. Todos los luminarios artificiales se equilibran mediante sensores que identifican cuánta iluminación natural hay, y en función de ésta, atenúan la iluminación eléctrica. Una de estas fuentes a destacar es una lámpara no convencional de 8 mil grados kelvin, ubicada en la parte diagonal de los plafones, con la que se simula una luz más etérea, que acentúa el requerimiento de iluminación que se necesite en el museo, conforme las exhibiciones y actividades.
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| Otra gran ventaja de este diseño es el control térmico ya que al atenuar el paso de la luz, separando ésta del calor mediante un material pasivo conocido como polimetracrilato (una variedad del plástico, tipo resina que tamiza la carga térmica dejando el 90 por ciento de la luz). “Experimentamos con el uso de varios materiales, vidrio, yeso, pintura, tablaroca, hasta encontrar aquellos que nos dieran la transmisión solar que requeríamos y por ende, ahorro energético. Hicimos toda la transportación tecnológica con recursos nacionales para hacer los luminarios y reflectores secundarios, todo con base en la geometría y el posicionamiento de los elementos, lo que también le añade otro valor al proyecto”, concluye el arquitecto. |
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| Finalmente, falta reforzar este ejercicio de modelaje solar en los exteriores, mediante la adopción del principio landscape, que implica plasmar la luz de forma perimetral, el cual no se ha hecho debido a que edificio requiere de una envoltura especial para que el diálogo con el diseño de iluminación interior, se de. Mientras se dan las condiciones presupuestales para ello, el MUAC es la muestra de que se puede recuperar el uso de la luz natural como herramienta de construcción; un medio para romper y reconstruir los espacios que recupera la esencia del concepto iluminar: comprender y saber qué hacer con la luz. HT |
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