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¿Qué sucede cuando comenzamos a iluminar?
Cuando arranca un proyecto de iluminación tenemos ciertas cuestiones en mente. Por un lado entra el aspecto cualitativo, es decir la estética que deseamos encontrar; ese ambiente preciso que buscamos cuando iluminamos. Por otra parte está la cuestión técnica, es decir la situación cuantitativa, la parte que se asegurará de que tengamos la cantidad de luz necesaria para realizar alguna tarea en específico.
Al tomar en consideración las cuestiones espaciales y el impacto visual que se causará en ellas a través de la luz. En esta ocasión hablaremos sobre algunas técnicas para iluminar ciertas superficies.
Las superficies verticales
Si iluminamos correctamente, el atractivo visual de la superficie creará el ambiente ideal. En este caso, la superficie vertical, tiene entre algunas otras las siguientes opciones para iluminarse:
Wall washing. También conocido como bañado de pared, se logra al utilizar luminarias que emiten luz de manera asimétrica. Éstas se colocan a cierta distancia de la pared (mínimo a 0.70 metros) ya que de encontrarse demasiado cerca de ella generarían un efecto de grazing, (del cual hablaremos a continuación). Esta técnica es sumamente útil cuando se desea destacar cualquier elemento que se encuentre en esa superficie; otra de las grandes ventajas es la de generar una sensación de amplitud, cierta expansión visual en el espacio.
Grazing. Llamada iluminación rasante, es la que se provoca en las superficies, especialmente si éstas son irregulares o texturizadas; un contraste fuerte entre luz y sombra, será muy manifiesto, por lo que se presentará un efecto realmente emocionante. De igual manera, con esta técnica la iluminación se puede presentar en sentido ascendente o descendente, produciendo diferentes resultados según se decida. Esta forma de iluminar se genera colocando las luminarias muy cerca de la superficie. A diferencia del wall washing, con el grazing, las irregularidades de la pared se tornarán muy visibles.
Scalloping. Es la técnica con la que se proyectan elipses de luz sobre la pared. (Seguramente lo habrán visto en alguna sala de juntas o en algún lugar muy chic. En esta técnica, que también se conoce como festoneado, se colocan fuentes puntuales en el techo, a corta distancia de la pared sobre la que se apuntará. Lo más conveniente será utilizar lámparas dicroicas, ya que el haz secundario que generan, provocará una segunda elipse.
Ahora bien, no todo en la vida es vertical, también encontramos superficies horizontales. Éstas por lo general se iluminarán de acuerdo a una necesidad más funcional (los escritorios, una mesa, un lugar donde sentarse). Entonces ¿qué hemos de tomar en cuenta cuando iluminemos este tipo de espacios? Muy sencillo, para empezar, debemos calcular la cantidad de luz necesaria para realizar la actividad específica con la que estemos tratando. Por ejemplo: una iluminancia de 500 lux será lo habitual para la lectura. Y, por otro lado, la temperatura del color. Recordemos pues que si se instala una luz cálida el ambiente será mucho más acogedor y tranquilo.
También deberemos considerar la calidad de la luz. La reproducción del color de un emisor de luz describe la capacidad de ésta para mostrar, de manera fidedigna, los colores de los elementos que observamos. En general, a mayor índice de rendimiento cromático (IRC)1 de una fuente de luz, mejor será el aspecto de las cosas.
Hablemos ahora del impacto visual. ¿Qué ambiente hemos de crear en cada espacio? Cada uno provocará una respuesta inmediata en el desarrollo diario de nuestras actividades. En números anteriores mencionábamos la relación estrecha entre la salud y la luz, y hablábamos acerca de las respuestas que tiene nuestro cerebro ante los estímulos de ésta. ¿Cómo responderemos psicológicamente a la iluminación? Si tenemos una iluminación distribuida de manera uniforme en el espacio total, con poca iluminación perimetral, nuestra percepción será la de un ambiente espacioso. Cuando nos encontramos frente a una iluminación baja, concentrada en puntos específicos y creando sombras entre ellos, el ambiente se tornará más íntimo.
La iluminación indirecta, no uniforme, que se genera desde un punto alto creará cierta tensión en nuestra percepción. Y, por el contrario, si se ilumina de manera no uniforme, pero combinando una iluminación perimetral, el ambiente se tornará placentero y cómodo para nuestro cerebro.
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Estos estudios y análisis psicológicos los realizó hace algunas décadas el arquitecto John Flynn y su grupo de colaboradores, todo dentro de las instalaciones del comedor de General Electric, donde observaron la respuesta de los trabajadores a los estímulos luminosos. El estudio que se llevó a cabo fue “el diseño de iluminación intuitivo” y los resultados arrojados los nombraron “Sensaciones espaciales subjetivas”. HT
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