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El subwoofer bailarín
Jueves 01 de julio de 2010 num. 119
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Nuestro experto en audio de alto precio y alto desempeño, deshoja la margarita en cuanto a la posición, ubicación y anclaje de una caja de sub -graves dentro de una sala de audición: El subwoofer bailarín.
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La gran popularidad de los subwoofers, principalmente en instalaciones de teatro en casa, me da la oportunidad de compartir con ustedes algunas ideas en torno al tema.
En realidad, me interesa explorar el tema del “subwoofer bailarín”, que lo ha sufrido todo aquel que haya ocupado algún subwoofer de alta salida (200 o más watts); se trata de un inquieto componente al que no le gusta portarse como buen muchacho y acaba saltando y desplazándose por el piso sin control ni dirección. |
Y es que, gracias al dinero disponible para investigación que se ha derivado del renglón más productivo de la electrónica de entretenimiento actual, el subwoofer ha ganado popularidad y protagonismo (quizá demasiado) en esta interesante carrera.
Los esfuerzos comerciales están a la vista de todos, y se han encaminado a tener más y más potencia en gabinetes cada vez más compactos (o al menos más y más económicos de producir). Parece que están de moda y, tanto marcas comunes como selectas, presentan sus apuestas para que el público los lleve al estrellato: B&W, Boston, HSU, JL Audio, Krell, Martin Logan, Revel, Sunfire y desde luego Velodyne; e incluso profesionales como Genelec (entre otras) presentan al mercado ofertas diversas con potentes cubos para el refuerzo teórico de la última octava (todo lo que queda por debajo de 40Hz), para casi cualquier gusto y aplicación.
Para todo especialista serio o buen conocedor, la integración de un subwoofer puede traer más problemas que beneficios, pues no es nada fácil el integrar una o más bocinas que trabajen en una franja tan delicada como la última octava, particularmente si ya se tienen altavoces de gran clase (léase fieles, veloces, y controlados). Algunos de los muchos problemas que podemos hacer desfilar son:
- La velocidad para el arranque y frenado de una bocina grande -o que haga excursiones grandes- requiere algo más que potencia, lo que evidentemente no se atiende sino en muy altos niveles (tanto de desempeño, como de precio).
- La capacidad de integrarse de manera invisible –indetectable— con las bocinas a las que va a apoyar es quizá lo más complicado, ya que la posibilidad de invasión en frecuencia, fase y fuerza, son materia tan compleja que ni siquiera lo puedo explorar bien en este espacio.
- El objetivo ideal del subwoofer es extender la respuesta de las bocinas principales; sin embargo, casi siempre acaban por excitar las ondas estacionarias del cuarto.
- La colocación correcta del subwoofer es un asunto todavía más complejo que el de las bocinas principales, cosa que casi siempre es ignorada por los Subw-usuarios.
- Si bien el objetivo teórico es que el subwoofer “no se oiga”, la mayoría de usuarios le sube hasta que lo hace sonar de modo evidente (¡horror!).
- A partir de lo anterior, es normal que el Sub esté jugando a las vencidas con las bocinas principales, al tener mucha más fuerza de la deseable.
- Dado ese comportamiento (de los usuarios), no es raro ver que el subwoofer “camine”.
Descrito esto, me hace reflexionar lo triste que resulta ver, una vez más, que la ola de “cantidad” se impone al de la calidad, pero ¿qué podemos pedir?, ¿acaso no somos humanos?
En fin, para los que se encuentran preguntándose qué hacer con el “subwoofer bailarín” o caminante, hay esperanza. Veamos qué soluciones me he encontrado en el camino:
- Algunos les ponen los spikes de fábrica; cosa buena hasta cierta potencia. Luego, pues estos resultan insuficientes, además de colocar los dichosos spikes, éstos deben estar firmemente atornillados o si no el mueble se caerá, sin duda.
- Una vez vi el caso de un poderoso Revel B-15, que estaba puesto en una base de amplificador: ni tardo ni perezoso, se acabó cayendo causando gran estrépito en medio de la proyección del Blu ray de Avatar.
- En otra ocasión, me encontré con un señor que tenía su sistema en una habitación chiquita y cúbica (igual de alto, ancho y largo) con unas Martin Logan ¡pegadas a la pared! Él se quejaba de no escuchar el subwoofer, por lo que le expliqué que lo mejor era resolverlo de manera natural con una colocación tridimensional perfecta. No quiso mi asistencia y acabó contratando la opción más barata: le pusieron un ecualizador que lógicamente, acabó peor de lo que ya estaba.
- En internet encontré una cosa horrenda llamada “Plataforma de Aislamiento”, hecha de espuma; ¡guácala!, eso sólo hará el bajo aún más lento y aguado de lo que de por sí es.
- Están las plataformas de Brightstar http://www.brightstaraudio.com/reference_series.htm que tienen arena entre sí; pero eso tampoco detendrá al bailarín.
- Encontré que ASC http://www.acousticsciences.com/ tiene unas “bases” para subwoofer de 18 ó 24 pulgadas de altura “que a la vez son trampas de graves”; obviamente dedicadas para el que tuvo la mala puntería de acomodar el sub en la esquina. Por cierto, este es justo el peor lugar para poner un subwoofer, ya que lo único que hará es precisamente excitar las ondas estacionarias del cuarto (¡ya quiero ver lo que hará el que lo compre, cuando su “bailarín” se caiga desde 18 ó 24 pulgadas directo al piso!).
- Sound Footing http://www.sound-footing.com/ presenta una base triangular de granito con spikes al subwoofer (no al piso), lo que no siento que garantice por completo que el bailarían se quede en paz.
- Sound Anchors http://www.soundanchors.com/ ofrece una base para los subwoofers Aerial, que puede funcionar, aunque creo que se requiere un poco más trabajo.
- Alex Domínguez de Obelisco http://obeliscoracks.com.mx/ menciona a Rix Rax, pero nada de allí me parece aplicable a un subwoofer bailarín. Otra recomendación de Alex, es una base para las Avant Garde que hicieron para una instalación en Noruega, que se ve más o menos bien pensada (pese a que sea para la bocina y no el subwoofer, como se puede ver en http://www.avantgarde-acoustic.de/galerie_ansehen.php?ausgabe_start=30).
- Raúl Iruegas (quien tiene dos viejos y potentes Velodynes de 18 pulgadas) acabó aplicando “la solución Arnold”: ¡le puso como 65Kg de pesas a cada uno! Que a fuerza de su tonelaje, aprisiona y encaja cada gabinete al suelo, por lo que difícilmente será capaz de moverse bajo tal presión.
- Obviamente los mejores subwoofers de High End como el de Krell de 50 mil dólares, el “Martillo de Thor” de Wilson (35 mil de los verdes) o el Velodyne 1812 (18 mil dólares), son productos pesadísimos, que no se moverán aunque pudieran proyectar 160dB de presión; lo que los descarta y separa de los de “pies ligeros” (y económicos).
Con estas reflexiones, lo que yo creo es que hay dos opciones:
- Para empezar, un Clamp es indispensable; pero uno dinámico como el “Acoustic Ballast” (que aparte de presionar, disipa el resto de la energía), no uno estático como los simples discos de pesas.
- Lo más barato es tener spikes chaparros y aplicarle cuatro esquinas de goma (de las que venden en Home Depot y que se usan para que las puertas no se muevan), encajadas en medio de los espacios largos de las orillas del mueble que quedan entre los spikes (funcional sólo si tienes piso sólido y no hay alfombra intermedia).
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Al final, lo mejor es tener unas bases perfectamente diseñadas para frenar los ánimos de novillero de un subwoofer común y, al mismo tiempo, aislarlo tanto del piso como de sus propios impulsos. HT |
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