Varios

The Decca sound

DECCA, 2016

Son cincuenta los platos que esta caja contiene, todos ellos poseedores de un cuidado trabajo gráfico que, además, se acompaña de un cuadernillo de 200 páginas donde se desmenuza microscópicamente (con el auxilio de imágenes poco vistas) la obra de compositores de reputación intachable (sobresalen apellidos como Strauss, Brahms, Purcell, Tchaikovsky, Puccini, Mahler, Beethoven y Ravel, entre muchos más). De modo que estamos ante una compilación delicada, dedicada con esmero a aquellos escuchas atentos, de oídos afilados, que aprecian los modales de gente de la talla de Luciano Pavarotti, Ute Lemper, Joshua Bell, Jean Sibelius, Alicia de Garrocha y varios más; todos reunidos bajo el logo de Decca, uno de los sellos más legendarios en la historia de la música.

David Bowie

Blackstardavid-bowie
Columbia, 2016

Resulta sorprendente descubrir que a unos cuantos meses de su partida de este planeta, Bowie decidiera ponerle punto final a su carrera artística confeccionando éste, un disco donde, más allá de las regularmente brillantes ideas del artista, se encuentra, sin remedio, el trote amenazante de la dueña de la guadaña; un personaje con quien David llevaba tiempo platicando. Con este álbum –atraen de él, especialmente, sus devaneos con el jazz- uno de los músicos más importantes del mundo dice adiós y lo hace con un performance total (checar el video de “Lazarus”, lanzado días antes del fallecimiento del autor de “Heroes”, donde, literalmente, el inglés advierte que ya se encuentra en el cielo). Aquí resplandece el apodado Camaleón en absoluto estado de gracia, y ocurre debido a su visión incalculable, la de un Artista Total. Hasta siempre, Bowie.

jd-mcphersonJD McPherson

Let the good times roll

Rounder, 2015

Si la música pop es una madeja de estambre de colores, ¿hace cuánto fue descubierto, ahí, extraviado entre millares de hebras, el hilo negro? Hablando estrictamente del rock and roll primigenio, ¿quién localizó dicho hilo; Presley, Halley, Cochran? Difícil saberlo; además, veamos, ¿vale la pena hacerse de la respuesta?; ¿no es mejor gozar de dicho ritmo y ya, dejar el resto para los desocupados? Por ejemplo, JD McPherson homenajea con su música a los pioneros antes mencionados, y al resto de la camada que los rodeó, con elegancia tal, que muy pocos se atreverían a tacharlo como un estafador que se hace de reconocimiento gracias a sus dotes como hurtador de personalidades célebres. Un gran disco éste, poseedor de un espíritu libre; escucharlo se asemeja a la sensación que otorga atarse el corazón con -sí, por qué no aceptarlo- el afamado hilo negro.

gary-clarkGary Clark Jr.

The story of Sonny Boy Slim

Warner, 2015

Quizá fueron las flamas ardientes del sol de su tierra natal, Austin, Texas, las que le regalaron la facultad de congregar en sus composiciones una cantidad de cadencias que, debido a su naturaleza, no es del todo simple entrelazar. Ciertamente Gary es un guitarrista solvente, alguien que ha bebido de las aguas del Mississippi y que se entiende bien con el blues; pero, por otra parte, su voz es dócil y calma, una especie de susurro que alivia, tal como el soul suele hacer. Sin embargo, más allá de eso, el compositor se las arregla para también integrar ecos de gospel, psicodelia, funk, rock and roll, garaje y jazz en el temario de este disco, el cual sigue la huella de su predecesor, Blak and blu (2012). Y uno no tiene más que aplaudirle la hazaña, porque el sujeto sale bien librado del reto con 13 composiciones donde la entraña, descarnada y confesora, juega un papel protagónico.

ska-anthems

Varios

Ska anthems

101 Distribution, 2012

Puro golpe directo a la mandíbula, canciones que ningún par de pies se atrevería a desdeñar, temas que hasta el más amargado baila, y sin reparar en las miradas inquisidoras ni risillas burlonas que sus tropiezos generen. Aquí tres discos empaquetados con estética two tone en una coqueta cajita de lámina que muchos envidiarán si se asoma entre las repisas de algún librero. Tres discos de contenido machacón y festivo (la mayoría de los temas fueron registrados a lo largo de los años sesenta), sin desperdicio, donde lo mismo pasa lista Desmond Dekker que The Ethiopians, los Skatalites que Alton Ellis, los Bad Manners que los Paragons. Ideal para abrir espacio en la sala y raspar el piso entre tragos fríos, tal como los dioses del ska mandan, mientras se sacude el sistema óseo al ritmo de “The tide is high”, “Wings of a dove” o “You can get it if you really want”. 

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