El ahorro de energía y recursos naturales





  La población mundial se ha incrementado de un modo exagerado, tanto como el consumo en el estilo de vida, por ejemplo: desde la primitiva necesidad de cocinar alimentos, hasta los alimentos importados, congelados y descongelarlos. En consecuencia, el consumo de energía y recursos naturales es igualmente drástico. Sin embargo, desde hace más de treinta años ha habido conciencia crítica de sus afectaciones en el medio ambiente así como en la calidad de vida, salud pública y la misma supervivencia humana, tanto en el presente como en las futuras generaciones.
Por lo anterior, la importancia en el ahorro de energía y el consumo en general no es novedad pero,  extrañamente, nuestro consumo cotidiano carece de información y por lo tanto de conocimiento o conciencia sobre los costos y consecuencias indirectas al medio social o ambiental al producirlas o difundirlas, así como del pago para reparar el daño. Paradójicamente son conocidas las desventajas de las tecnologías alternativas o las medidas de ahorro de energía (aunque estén superadas o perfeccionadas) como es el caso del calentador solar o las turbinas eólicas, entre otros. Es necesaria entonces, asumir como obligación el informar (de manera transparente y clara) sobre las consecuencias en la producción, distribución y consumo de energía, así como de los recursos naturales involucrados.

Actualmente son conocidas algunas consecuencias por la utilización de combustibles fósiles, como el petróleo, gas o carbón, que resultan en gases de efecto invernadero y el calentamiento global; sin embargo se desconoce que son muchas las secuelas por el consumo de energía directa o indirecta en la cotidianeidad humana, de ahí que sea urgente la disminución en el consumo de productos y energía, en general; así como fomentar la eficiencia (dar más con menos) y el uso de energías menos contaminantes en su producción y consumo.

La trascendencia de esta actividad se estimaría en cambios como la independencia energética que podemos tener de los grandes productores, dada la facilidad de producirla en lugares apartados a la distribución de las grandes redes de mercado consumidor. Por ejemplo, la celda fotovoltaica que genera electricidad a partir del calor solar, puede independizarnos de los monopolios y beneficiar a comunidades lejanas a las redes de distribución eléctrica, generando beneficios sociales y económicos.

La Comisión Nacional de Ahorro de Energía (CONAE) estima que en México tenemos un potencial de ahorro (por mayor eficiencia o menor consumo) superior al 20 por ciento, esto significaría aproximadamente 100 mil millones de pesos al año –por encima de los gastos por daños ambientales y sociales-. Para alcanzar esta capacidad de ahorro es necesaria la participación federal, estatal e industrial, así como de la población civil.

Podemos considerar dos aspectos importantes para ahorrar y hacer un uso eficiente de la energía:


  • Menos gastos: reducir el pago de la facturación y evitar que se incrementen las tarifas.
  • Preservar nuestros recursos naturales: menor impacto en la salud y el ambiente, mayor calidad de vida. 

Ahorrar energía no supone dietas frías o crudas; la oscuridad nocturna o sufrir temperaturas extremas. Por el contrario, se propone usar energía en modo eficiente y conciente: una vivienda bien planeada necesitará poca energía para funcionar y dar confort; un mantenimiento adecuado reducirá también el gasto y consumo de energía, así como la selección de los equipos adecuados y el uso inteligente de estos. Un principio esencial para ahorrar energía consiste en saber cómo funcionan los equipos y aparatos del hogar, oficina o industria; los diferentes tipos de energía que consumen y el mayor aprovechamiento (eficiencia) que podemos obtener de ellos.

Los recursos más utilizados en los hogares son: energía eléctrica, gas y agua. Varias instituciones mexicanas e internacionales han elaborado catálogos con recomendaciones prácticas para ahorrar energía, entre ellos la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (CONAE),  el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE),  la Comisión Nacional de Fomento a la Vivienda (Conafovi)  y Greenpeace México.

El agua potable es el recurso más importante para la vida humana y por tanto, el suministro y consumo debe ser un tema primordial; deben identificarse los mayores consumos de agua, tanto a nivel industrial, comercial, laboral y habitacional, tomando medidas para eliminar prácticas y hábitos de desperdicio y reducir así el volumen de agua utilizada. Ya existen en el mercado equipos y accesorios que reducen por flujo o presión, el consumo de agua y energía en general, y en algunos casos (como los mingitorios) que ya no utilizan agua.

 En México los sistemas de calentamiento de agua o aire, así como hornos y estufas, entre otros servicios de calentamiento funcionan con gas natural o gas LP que, desde el punto de vista energético son mucho más eficientes que los equipos eléctricos. Lo anterior se explica cuando entendemos que el gas es una energía primaria, contrario a la eléctrica que obtenemos de otra base. Sin embargo, el ahorro de gas es también un tema importante, su producción, suministro y consumo son energía y contaminación, por lo anterior se recomienda el uso de ollas de presión o con tapa; revisar que las flamas sean azules y no naranjas o amarillas (regulando la entrada de aire), así como evitar el uso de pilotos que desperdician y contaminan con la combustión de gas constante.  

Autor: Rogelio García Mora Pinto

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