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Tidal por fin ha aterrizado en el continente americano, específicamente en Estados Unidos, aunque con algunos trucos es posible tenerlo en México. Respaldado por famosos artistas del pop norteamericano, el servicio se vanagloria de contar con una calidad HiFi (usando el formato FLAC 16 bits 44 kHz), para ello hay que pagar 20 dólares al mes. ¿Vale la pena? Echemos un vistazo.

Tidal no es un servicio nuevo, de hecho es la evolución de Wimp, el servicio de streaming que nació en Escandinavia y se ha ido expandiendo a algunos países europeos. Wimp al igual que Tidal surgió de la empresa noruega Aspiro Group. En enero pasado, Jay-Z, famoso artista del hip-hop (aunque tal vez sea más reconocido por ser el esposo de la hermosa Beyoncé), compró Aspiro por la cantidad de 56 millones de dólares. Luego, en marzo, relanzó el servicio convocando a sus amigos músicos (Rihanna, Madonna, Daft Punk y varios más) anunciando que sería el primer servicio que realmente velaría por las regalías para los músicos.

Es bien conocido que Spotify y servicios similares han sido duramente criticados por la industria  por ofrecer cantidades irrisorias a los músicos. Recordemos que en el concepto de streaming, cada vez que una canción es reproducida en cualquier parte del mundo, una pequeña cantidad de dinero se va sumando a las cuentas de los artistas. Dicen las malas lenguas que Spotify apenas paga algo así como 6 milésimas de dólar (algo así como 9 centavos de peso mexicano por cada stream). Un artista independiente que tenga mil streams reproducidos ganaría 6 dólares, menos impuestos. ¿De quién es el negocio? Bueno pues los de Tidal dicen que ellos sí van a pagar bien a los músicos, aunque hasta ahora no han dado las cifras públicas respecto a sus promesas.

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Dejemos el asunto financiero, vayamos a lo que nos importa: ¿Tidal tiene la suficiente calidad de audio como para quedarse en la sala de un audiófilo? No es una fácil respuesta.

Comparar archivos de audio de baja resolución comprimidos (MP3 o AAC) contra archivos lossless sin compresión (FLAC o ALAC) siempre resulta controversial. Si la comparación se hace a través de audífonos, smartphones y laptops, no hay manera de detectar diferencias, casi todo la gente dirá que un MP3 se escucha igual que un CD o que un archivo FLAC, incluso no notaría diferencias contra archivos de alta resolución 24 bits 96 kHz. Si el experimento se realiza en un sistema de alta fidelidad de altas prestaciones o mejor aún en un sistema High End, los resultados son otros. Y no solo se trata de orejas doradas, en realidad mucha gente podría apreciar las marcadas diferencias.

El asunto es que hay tres importantes aristas en este tema: la industria de la música, los fabricantes de audio y los consumidores. Al parecer, cada uno de ellos va por su lado. Al no “jalar parejo”, esto del High Resolution Audio (HRA) puede estar cada vez más lejano, si es que se pretende como una nueva plataforma universal masiva que entierre al MP3 y de paso al CD.

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Los ejecutivos del negocio musical tienen que encontrar de manera urgente como reactivar las ventas de materiales musicales que se han caído en picada. La gente ya no compra discos, se gasta cada vez menos dinero en archivos digitales y no está dispuesta a pagar algún peso en un servicio de streaming. Quiere todo gratis. Así acostumbraron al monstruo.

Los fabricantes de audio necesitan una nueva categoría de mercado. El cine en casa se ha estancado, el audio estéreo vive malos momentos y si no fuera por el segmento de audífonos, bocinas portátiles y de soundbars, el audio de consumo estaría sumido en una profunda crisis.

Diversos esfuerzos mercadológicos pretenden convencer a entusiastas del HiFi y del High End que es momento de subirse a la movida del High Resolution Audio. Como siempre los early adopters tendrán que pagar su cuota como “iniciados”, además de ser los conejillos de indias de la industria. Allí está Neil Young con Pono, Sony con su amplia gama de HRA, pequeñas tiendas digitales como HD Tracks, Onkyo Music, ProStudio Masters, iTrax, High Res Audio y varias más.

El precio puede ser una limitante, los discos digitales en High-Res Audio cuestan entre 18 y 35 dólares y mucho de ese material anunciado en 24/96, los audiófilos ya lo tienen en CD, vinilo, SACD y en diversas versiones especiales, es comprar de nuevo algo que ya tienen. Pero digamos que los entusiastas del audio de alto desempeño lo aceptan. El grueso del mercado consumidor masivo necesita una mayor motivación económica para subirse a la oleada de estos formatos.

Como se sabe, las ventas de discos físicos y también la de descargas digitales se están desplomando (Apple está realmente preocupado), pues la gente ha adoptado los servicios de streaming como su manera de acceder a la música y la gran mayoría lo hace gratuitamente aunque tenga que soportar anuncios comerciales o tenga una calidad de audio inferior. Así, estamos en la época de Spotify, Rdio, Deezer, Google Play Music, Beats Music y más.

Este año llegó una nueva camada de servicios de streaming que prometen mejor calidad de audio como Deezer Elite (que por el momento solo está disponible a través de los sistemas Sonos) que hoy es acompañado por Tidal. Deezer Elite promete archivos FLAC 16 bits 44 kHz a un precio de 15 dólares por mes. Tidal ofrece la misma calidad de audio por 20 dólares al mes. Qobuz es el servicio francés que es la competencia en Europa, cobra 20 euros cada 30 días.

Deezer Elite asegura contar con un catálogo que supera los 30 millones de tracks, mientras que Tidal llega con una propuesta de 25 millones de canciones. ¿A quién le importa? Son un montón de opciones para escuchar música.

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De manera personal, soy un enamorado de los servicios de streaming, tengo varios de manera pagada y otros tantos gratuitos. De ninguna manera pienso que sustituyan la experiencia de escuchar un buen disco compacto o un glorioso disco de vinilo, pero funcionan en la escucha cotidiana sin complicaciones, además de ser la mejor manera de descubrir nueva y vieja música que merece la pena ser escuchada. Con disculpas para mis amigos locutores de radio, ese medio de comunicación ha sido rebasado ampliamente por lo menos en cuanto a terrenos musicales.

Tidal no está en México y por supuesto esa es una limitación importante que hay que considerar. No todos quieren estar haciendo trucos para poder obtener el servicio. Pero es interesante probarlo, sobre todo ante los cambios que están por acontecer en la industria musical, donde Apple no tarda en lanzar su renovado servicio de streaming, el cual se supone será más barato que todos y que se integrará al gran ecosistema de entretenimiento que ya tiene la marca de California.

Tidal también ofrece videos (video clips como los llamábamos décadas atrás). En lo personal me parece que eso no resulta un valor agregado, pues su cantidad, calidad y variedad se queda muy atrás de lo que se puede obtener con YouTube. Dicho sea de paso, hay que estar atentos con Music Key, el servicio de paga de YouTube que ahora se encuentra en etapa beta y que ofrecerá más calidad en audio y video sin cortes comerciales, claro pagando cierta cantidad de dólares al mes.

Como casi ya todos los servicios de streaming, Tidal permite tener contenido offline, es preciso “bajar” la canción o el álbum al dispositivo para tenerlo listo cuando no haya conexión a internet (como en las carreteras). Cabe aclarar que “bajar” material musical no permite trasladarlo a otro equipo o compartirlo, de hecho esas canciones offline sólo estarán disponibles mientras seas un abonado del servicio.

Mejores sonidos

De regreso a Tidal. Primero tenemos que decir que este servicio no está disponible en México, para probarlo es necesario usar una conexión Proxy o VPN que sitúe nuestra dirección IP en Estados Unidos; yo lo realicé empleando Netshade de Rayner Software para MacOS, cuesta 29 dólares al año (9 dólares más si también añaden esta opción para dispositivos iOS). Ya con Netshade obtengo una dirección IP en Estados Unidos (o en cualquier parte del mundo). Así Tidal me permite hacer la prueba de su servicio por 30 días, para ello es preciso anclar una tarjeta de crédito o una cuenta de Paypal, la cual hará el cargo una vez transcurrido ese período. Si se conserva el servicio, desde la tarjeta se cobrarán los 20 dólares acordados cada mes. No hay problema al usar una tarjeta mexicana, al menos no con American Express.

Tidal ofrece apps para dispositivos móviles con Android o iOS y un web player desde un navegador, de hecho si quieres obtener la experiencia “HiFi” (FLAC 1411 kbps), solo con Chrome es posible; otros navegadores sólo pueden entregar calidad en formato AAC 320 kbps.

Usé una MacBook Pro, un DAC Meridian Explorer conectado por USB hacia la computadora y con salida analógica hacia un preamplificador vintage Mcintosh C28 que condujo la señal hacia un fabuloso amplificador Bakoon Satri AMP 5513 de 35 watts en pura clase A, las bocinas fueron unas Nautilus 805 de B&W. Los cables fueron Tributaries. También utilicé Tidal a través de un Sonos Connect directamente conectado al preamp Mcintosh.

La interfaz de Tidal en iOS resulta muy agradable y fácil de entender, el espacio apremia y no puedo describirla por completo, sólo puedo decir que es bastante parecida a la interfaz de Spotify. Tidal no es tan buena a la hora de buscar, pero supongo que son errores que se irán corrigiendo.

Donde noté una gran ventaja de Tidal es en las recomendaciones. La frase “Created by Tidal” de inmediato me atrapó. Se supone que son músicos expertos o melómanos -y no algoritmos como en otros servicios de streaming- los que hacen la selección de playlists y álbumes. Sea como fuere, Tidal es muy superior a Spotify o a Deezer en este aspecto, por lo menos en cuanto a mis gustos. Y es que realmente te ayuda a descubrir nueva y muy interesante música.

Si por ejemplo te gusta el jazz, deja de lado los estándares obvios (Miles Davis, Diana Krall, Bill Evans) para dar paso a discos que son joyas como The Epic de Kamasi Washington, Arm & Hands de Kirk Knuffke o Breathless de Terence Blanchard. Las playlists me fascinaron: “Cosmic Travels in Jazz” o “Finest Fusion” son ejemplo de lo que un selector debe hacer.

Tampoco es perfecta, hay muchas recomendaciones “basura” sobre todo las que hacen los “famosos”.

En lo general, Tidal se escucha mejor desde el navegador Chrome que usando Sonos, aunque cabe aclarar que el DAC Meridian Explorer hace un gran trabajo, tal vez allí radique la diferencia.

Estuve escuchando mucha música tratando de comparar Deezer Elite desde Sonos contra Tidal y tengo que decir que Tidal se escucha -en lo general- mejor. La música tiene más cuerpo, los instrumentos tienen mayor presencia, las voces resultan más claras y el grave ofrece mayor profundidad.

Y digo “en lo general” porque cada disco cambia y hay algunos que son una agradable sorpresa al oído y otros apenas cumplen con una calidad de sonido decente por llamarle de algún modo. Esto me da a entender que el desempeño sonoro de un disco como siempre depende de la grabación, mezcla y mastering del mismo. Luego por supuesto puede haber pérdidas a la hora de “subir” el material a los servidores de Tidal, este trabajo normalmente lo hacen las disqueras o las “empresas agregadoras” (una especie de editoras musicales que conjuntan el trabajo de artistas independientes).

Conclusión

¿Vale lo que cuesta? Si, si tienes un equipo de audio de alta fidelidad o High End. No, si piensas usar la computadora y audífonos, en este caso es mejor quedarte con servicios “normales” como Spotify o Rdio. Deezer Elite es buena opción pero de momento al estar anclada a Sonos es menos flexible que Tidal; aunque Deezer Elite si se encuentra oficialmente en nuestro país.

Afortunadamente Tidal permite hacer un “trial” de 30 días, así te darás cuenta si cumple tus expectativas de audiófilo y melómano. A mi me gustó, pero no significa otra cosa más que cumple con mis propios gustos y hábitos. Haz la prueba y cerciórate de sus bondades y limitaciones. Nada como experimentar. HT

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