Tal vez mi primera afición por los sistemas HiFi fue haber escuchado bocinas JBL en casa de amigos a mediados de los años ochenta. Esos altavoces me fascinaban, eran los L100 y producían un sonido impecable e implacable. Estereotipadas como bocinas para rock, resultaban maravillosas para escuchar mis gustos adolescentes: Bauhaus, The Clash, Siouxie and the Banshees, The Cure, Madness, Gary Numan, Talking Heads o Elvis Costello.

En esa época era muy común que las cajas acústicas tuvieran woofers de 12 y hasta 15”. Y nadie como JBL para lograr el sonido que a mi me gustaba: dinámico, de gran claridad en los medios, poder y amarre en los graves y un escenario sonoro enorme.

Años después usaría los monitores 4310 en mis clases de radio en la UNAM (Acatlán). La industria los había elegido como la referencia en estudios de grabación, sobre todo en la década de los setenta y ochenta.

Hasta que aparecieron los famosos NS10 de Yamaha. Empezaba la era minimalista, las bocinas grandes ya no eran bien vistas ni apreciadas. Esta ola de drivers pequeños empezó en Estados Unidos con ADS y que fue arropada por marcas europeas que apostaron por un sonido elegante, de alta resolución pero delicado, con graves apenas insinuados.

Las ciudades se llenaron y empezó la invasión de departamentos; ya era imposible conseguir casas grandes como las de nuestros abuelos y nuestro padres. Así que, ¿quien querría unas bocinas grandotas como las JBL en su sala?

Aunque la tecnología ha permitido grandes avances en la creación de gabinetes ultra delgados y nuevas generaciones de drivers, lo cierto es que en bocinas, el tamaño si importa.

Gracias a Valentín Rivero de Arquitectura Aural, tuve la oportunidad de escuchar la renovaba versión de las 4310, que ahora JBL rebautiza como las 4312SE. Indicadas como monitores pasivos para estudios de grabación, la firma californiana los denomina “bookshelf”. Si echamos un ojo a su tamaño, sabremos que las 4312SE nacieron en otra época: 597mm x 362mm x 305mm, pesan 25 kg cada una (esos datos no resultan bookshelf para nuestros días).

Son color negro y vienen con una insignia especial para el 70º aniversario de la marca. El estilo retro es evidente. Se miran y se ven como unas bocinas de los años setenta. A mi me gusta su look tradicional.

Diseñados y fabricados en Northridge, California, los altavoces 4312SE están construidos en pares espejo-imagen adaptados que permiten una amplia variedad de aplicaciones de colocación y posicionamiento. En la moda clásica de monitores de estudio, pueden colocarse horizontal o verticalmente y con los tweeters en el interior o exterior de la posición de escucha, y pueden montarse en estanterías o sobre pedestal. Esta flexibilidad los hace capaces de cumplir con las mismas funciones en entornos auditivos pequeños e íntimos o en salas más grandes sin sacrificar el detalle y la coherencia del sonido estéreo y la calidad de imagen que deben tener los monitores de estudio.

Poseen dos perillas de ajuste fino (EQ) para medios y agudos, tiene rejillas desprendibles de tela clásica y naturalmente son bass reflex con el puerto de salida de aire apuntando al frente. Atrás solo cuenta con los postes de conexión para bocinas que aceptan cable desnudo, bananas o zapatas.

Al final de la descripción, dejo lo mejor; JBL utiliza un woofer de 12” de pulpa pura de papel con recubrimiento de Aqua-Plas, un midrange de 5” también de pulpa pura de papel y un tweeter de 1” de aluminio-magnesio que se beneficia de una guía de onda. Prácticamente iguales a la versión que nació en 1968. Si acaso hubo un ajuste en los puntos de cruce que ahora están fijos en los 640 Hz y en los 5 kHz. JBL asegura un eficiencia de 90 dB´s y una impedancia nominal de 6 ohms.

El woofer blanco (1200FE-8) es la joya de estas cajas. Empuja siempre y sin contemplaciones, al tener muy baja compresión, puede mover aire (y generar graves) sin problemas incluso a muy bajos volúmenes.

Como vemos, sin parafernalia, incluso con un diseño simple pero efectivo, JBL nos vuelve a decir en la cara: “la vuelta a lo básico”.

Evaluación Subjetiva

Como lo mencionaba líneas arriba, las 4312SE vienen en par espejo, así que dependiendo del tamaño de la habitación o del gusto del cliente, pueden acoplarse con los tweeters hacia adentro o hacia afuera, lo mismo en modo vertical u horizontal. En mi caso los emplee con los tweeters hacia afuera y colocados sobre unas bases de acero de 40 cm de alto.

Para escucharlos como se debe, les conecté un amplificador de estado sólido Audio Research D130 con 130 watts de potencia. Utilicé un preamp McIntosh C47. Como fuentes, un lector de discos Marantz DV7001 y un tocadiscos original Technics 1200 MKII con fonocaptor Ortofon 2M Bronze. Los cables en lo general fueron AudioQuest. Un setup simple y convencional.

Lo primero que escuché fue el disco compacto Band on the Run de Wings. Las JBL de inmediato respiran rock; te invitan a subir el volumen sin piedad. Esa es otra de sus virtudes, las 4312SE aguantan sobradamente los altos niveles de presión. Luego vino Jethro Tull, The Doors y Grand Funk.

Pasé a escuchar el vinilo de “Remain in Light” de los Talking Heads; obra maestra con Brian Eno como genio productor. “Once in a Lifetime” hace todos los honores a estas cajas: el rango medio tiene una claridad y naturalidad que no esperas, los agudos siempre creando texturas. El bajo siempre tiene su lugar preciso y majestuoso.

“Master of Puppets” de Metallica es un discazo de 1986 que devela la garra de las JBL: su dinámica se despliega a raudales, las guitarras machacan aceleradamente sin compasión y la base rítmica golpea el pecho incesantemente. Una bocina pequeñita y delgadita, por más fina que sea, simplemente no puede lograr el impacto, la sensación de realidad, la cantidad de graves y el poderío que rescatan estas JBL.

Para no quedarme atrapado en los ochenta, brinqué unos años mis gustos musicales y puse un “Cure for Pain”, un vinilo de Morphine, una de las mejores bandas de los años noventa. El bajo de dos cuerdas, el saxofón y la batería entregan energía pura a través de los 4312SE. De nuevo, la emoción sube el volumen. Pero no sólo hay potencia, la mezcla se oye en su justa dimensión, con los instrumentos acotados en su espacio, especialmente se nota una generosa profundidad que excede cualquier expectativa.

“Drunk” es una maravilla de nuestros días. Prensado el año pasado, es un gran disco de Thundercat. Pude escucharlo tanto en CD como en vinilo y es ya material de referencia. R&B con electrónica, funk suavecito y toques de rock fusión, sonidos que a través de las 4312SE se traducen en esa invitación al baile sensual.

Cornelius (Oyamada Keigo) es una de las sensaciones musicales de actualidad. El japonés sabe combinar las texturas ambientales con tintes pop sobre una base rítmica electrónica que atrapa. Y con las JBL su música es evocadora de felicidad. A pesar que hay muchas capas en la mezcla de este genio oriental, las JBL son capaces de desmenuzarlas con gracia.

Si me han leído hasta aquí sabrán que las JBL 4312SE me han encantado. Y esta vez ni siquiera escuché jazz. Estas bocinas norteamericanas me han regresado a mis gustos primigenios.

Tampoco voy a dejar de mencionar detalles que las JBL 4312SE podrían haber mejorado. Por ejemplo, la caja, que a pesar que se siente solida, no parece lo suficientemente inerte como para controlar el embate de los graves: el resultado es un sonido poco coloreado que en lo personal a mi no me molesta, sin embargo habrá que notarlo pues no son unas cajas que sean lo más neutrales posibles.

Es evidente que este despliegue de graves puede “contaminar” en alguno sentido mínimo al rango medio. Estos rasgos “boomy”, podrían molestar a los verdaderos puristas. Eso mismo las aleja de ser ejemplo del balance tonal perfecto.

Es justo señalar que las JBL 4312SE se comportan muy diferente al variar su colocación, así que hay que experimentar con las distancias a las paredes laterales y trasera. De igual manera, es preciso evitar a toda costa colocarlas directamente en el suelo (su gran tamaño podría causar esa tentación), pues el grave se descompone por completo.

Conclusión

Muy por encima de sus pocas limitaciones, las JBL 4312SE son unas bocinas que develan el espíritu roncarolero con el que se asocia la marca. Son poderosas y extremadamente dinámicas, contundentes en los graves, de excepcional claridad en medios y una notada extensión en agudos, siempre amables. Bien ubicadas provocan un generoso soundstage. Si tienes el espacio, si te gusta el estilo retro y si el rock es prioridad para tus oídos, estas JBL4312SE deben estar en tu lista de compras, ¡ya!

Distribuidas por:

Arquitectura Aural. Precio público USD 2500 más IVA. www.aaural.com

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