Puntual fue la participación de empresas mexicanas en CEDIA 2016 encabezadas por sus dueños de empresas de sistemas integrados, algunos con sus equipos de trabajo, una combinación de ventas, ingenieros responsables del diseño, algún programador y ocasionalmente, uno de los responsables de ejecutar las instalaciones. El viaje para algunos pudo ser una combinación de vacaciones (saludar amigos, cenas de trabajo y algún coctel organizado por un proveedor para socializar, compras (siempre que se pueda) y, por supuesto, la visita de la expo y, si la agenda lo permitió (no en la expo, sino en los preparativos anticipados) asistir a algún curso.

La calidad de información que obtuvimos, para quienes fuimos es magnífica: platicar con los protagonistas, ver los productos, conocer lo que estará en boga, cómo y cuándo llegará a nuestro territorio o región, esos algunos de los beneficios que se traen del viaje, de manera que no haber ido fue permitir que otros posean esta información y la usen en sus compañías y con sus clientes porque sí, el objetivo invertir en la visita a CEDIA generar un retorno y, para que esto suceda, lo mejor es tener un plan de acción. 

Las personas que hicieron el viaje con sus jefes lo pudieron ver como un premio, un aliciente para motivarles en su labor o como parte de su rutina de trabajo aunque con objetivos especiales siempre y cuando los jefes les hayan comentado aquellos con todo detalle. Sea como sea, haber ido se traduce en una fantástica experiencia pero si no hay un plan de acción por aplicar al regresar, es poco lo que va a pasar con la información y conocimiento allá adquirido. Los asistentes sin duda obtienen un panorama más amplio de la industria, pero ¿eso genera retorno de inversión? Por sí solo no. ¿Qué es lo que se debe hacer para que ello ocurra? Bien, quien tomó un curso debe tener nociones (de ahí que los jefes hayan compartido los planes y objetivos, si los hubo) sobre cómo va a implementar lo aprendido, cómo afecta a los procedimientos internos, en qué puestos tiene injerencia y demás.

Uno de los puntos rojos presentes en nuestra industria (y no sé si es un tema cultural) es que la comunicación no fluye hacia abajo, es más, a veces el equipo completo va a una reunión, se tocan temas sensibles y se logran acuerdos pero, como todo lo manejó “el jefe”, no hay responsables de nada, no hay seguimientos, no hay a quién felicitar o a quién regañar por los aciertos o errores. Si esto sucede la explicación es sencilla, falta de organización; es el jefe quien tiene que asignar responsabilidades, hacer crecer a su gente y desarrollarla. Si alguien no cumple, la cosa es simple: no sólo no hay retorno de inversión, simplemente la empresa avanza al ritmo de los más lentos, de los que no cumplen, de los que no tienen compromiso con la compañía. Esto no es nuevo, es uno de nuestros puntos débiles; a veces, mientras más grande es la empresa, más se nota la des-comunicación.

¿Qué trae de regreso cada empresa o asistente? Algunos (que no son pocos) vuelven cargados de llaveritos, plumas y toda clase de souvenirs, otros con algunas tarjetas de presentación que permanecerán en el escritorio por unos días o máximo unas semanas, pero que inevitablemente irán a dar al cajón de donde no saldrán más que ocasionalmente, pero no para cumplir el objetivo de la relación que tratamos de iniciar. Afortunadamente también habrá quienes apliquen y mínimo, darán seguimiento que fructificará en oportunidades de negocio, otras marcas o intentos serios de hacer algo diferente. Muchos de los asistentes regresaron, confío, con ideas renovadas y planes que compartirán con sus compañeros y de las que surgirán iniciativas en búsqueda de mejora y deben evitar quedarse como intentos que se vean truncados por las actividades cotidianas, la falta de un promotor -que puede ser un jefe o hasta el mismo director de la empresa- sólo así se obtendrá el beneficio mayor para la empresa.

Sin importar el tamaño de la compañía, prácticamente todas tienen la oportunidad de construir proyectos importantes y, por lo tanto buenos negocios, al asistir no sólo a CEDIA, sino a cualquier tipo de evento al que la industria convoque, enviar a personal clave y permitirles ampliar el panorama para que, si se aprovecha la oportunidad, hagan mejor las cosas y mejoren en beneficio de nuestros clientes.

Pocas cosas serían tan benéficas en nuestra industria como la profesionalización de todos nosotros, no importa el puesto o nivel de responsabilidad; sólo la profesionalización hará que dejemos de ser vistos como los que “jalan los cables para que se vea la TV”. Si al regreso de CEDIA se pudo planear y comenzar a aterrizar el trabajo, asignando responsabilidades y tareas de seguimiento, ese simple hecho mejorará a la organización. Por supuesto que no será fácil salir de la zona de confort y sacudir hábitos, pero los primeros pasos permitirán dar otros.

Para finalizar sólo me resta consideren que si en este año no acudieron a la expo, se den la valiosa oportunidad de hacer el año que viene, planear con anticipación la visita y generar un impacto tanto en el ambiente como en la estructura de trabajo, que el viaje tenga propósitos, objetivos claros. CEDIA 2017 tendrá lugar del 6 al 9 de septiembre en San Diego, California ¡Tenemos tiempo suficiente!

Los acompañantes

La música de hoy tiene dos valores especiales, el primero es la emoción que genera y, el segundo, es que a pesar de no ser su música favorita, mi Princesa la escucha conmigo. Se trata del álbum Live At Belleville del trío de Arild Andersen con el baterista y percusionista italiano Paolo Vinaccia y el sax tenor del escoces Tommy Smith. Sencillamente es un discazo, como pocos, con una integración absoluta que hace una música que aunque intensa por momentos es fácil de escuchar, llena de detalles sutiles y al mismo tiempo con gran potencia sonora. Si pueden escuchen primero la pista 6, “Outhouse”, potencia, energía, dinámicos impresionantes… Vaya manera de destacar de cada uno de ellos, esta sola pista hace que el disco valga la pena. Y, para acompañar música tan importante, salió a relucir otra joya: un escoces de una malta de edición especial con el que Lagavulin festeja sus ¡200 años de producir whisky! Se trata del Lagavulin 8, con un hermoso color dorado ligeramente pálido y un sorprendente sabor ahumado medio; si lo ven, por favor no dejen de comparlo y, si no les gusta, me avisan y ¡yo se los compro!

Magnifica música, fantástico sabor y acompañado de mi Princesa, no se puede pedir nada más.

 

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