Genéricamente llamados bookshelf loudspeakers, satélites o compactos -e incluso monitores, como los empleados en estudios de grabación-, esta descripción no alcanza para describir la aplicación y desempeño sonoro de estos gabinetes que, supongo que por cuestiones de colocación y uso, adquirió estos apelativos. Por otro lado, si se tenemos de éstos en casa –o estamos evaluando adquirirlos- deben saber que podemos hacer algo para mejorar su calidad sonora de acuerd al recinto donde estén acomodados o quisiéramos tenerlos. Veamos.

 

Por principio de cuentas, estos altavoces no deberían ir montados en un librero y menos dentro de uno de sus espacios. ¿Cuál es la razón de esta contradicción? Puesto que no van a ir a nivel de piso, ya que sería ridículo hacerlo de esta manera pues sólo nuestras mascotas estarían felices de contar con bocinas a su tamaño, el criterio está relacionado a que usualmente pasamos nuestro tiempo sentados o parados, a una altura de entre 1.00 y 1.20m  (dependiendo si se está en un sillón o una silla) o lo que midamos de estatura. En lo personal, usualmente en audición dedicada, realizo ésta de pie, parado frente a los altavoces en el punto dulce de escucha. Esto no es una contradicción, aclaro, pues al ubicar el eje de dispersión de las unidades de medios y altos -mis altavoces son de ribbon o cinta y ésta mide 1m de longitud (Apogee, Centaur Major mide casi 1.70m con spikes montados)-, los problemas de roto escoliosis que tengo en un par de vertebras me hace intolerable permanecer mucho tiempo sentado. Así que, de vuelta al punto, pareciera que al tener un altavoz pequeño lo más natural fuese acomodarlo en un mueble siendo lo más “idóneo” para ello destinarle un librero. No, es lo peor y ahora les cuento los porqué.

Los problemas de este tipo de muebles son varios:

La altura a la que estará el altavoz es variable y no la adecuada al nivel del oído. En muchas ocasiones su acomodo es por arriba del éste, incluso estando parado, siendo pobre su definición en todo su rango de respuesta de frecuencia.

Es muy probable que esté colocado dentro de uno de los huecos o nichos del librero. Al hacer esto, se crea otra caja acústica la cual modifica la tonalidad del altavoz, afectando su direccionalidad; si el diseño del gabinete es bass réflex por la parte posterior, el puerto se ahogará dentro del espacio en el librero.

Usualmente estos muebles no son lo suficientemente firmes en su construcción y estarán sujetos a vibraciones indeseables (y ya no digamos cuando se colocan subwoofers en un nicho dentro del librero).

Y, como deben quedar bien alineados para que se vean bonitos, no es posible apuntar (toe-in) los altavoces al escucha, siendo meramente ambiental su desempeño.

El nombre de altavoces tipo satélites surgió con la promoción y venta de los subwoofers al denominar a los que cubren frecuencias medias/altas como bocinas que orbitan alrededor de un subwoofer, entiéndase, satélites. Muchas veces compactos, del tamaño de una taza de café, de dimensiones minúsculas como los cubos de joyero de Bose o generalmente con un woofer de 4 ½” y un tamaño promedio de alrededor de 20cm, son los usuales en casi todas las marcas, sean americanas o europeas. Esto es un detalle muy importante a tomar en cuenta respecto a estos altavoces pues pertenecen a un juego, es decir, a un conjunto de “baflecitos” y su desempeño está comprometido uno con otro.

Usualmente los satélites van conectados al subwoofer para que su red de cruce haga el corte de frecuencia y así se envíe el rango correspondiente de voces y agudos a los satélites -y no en rango completo-, a riesgo de sobre excursiones en las pequeñas unidades del satélite mismo. Usualmente el corte es a 90, 120, 150 y hasta 250Hz en casos muy específicos.

Otro factor medular, y poco atendido, pues resulta de difícil comprensión por los consumidores, es el uso de pedestales para estos altavoces. En el mercado hay varias marcas y modelos de pedestales, fabricados en metal y madera; blancos, negros y al natural; delgados y estéticos –en contadas excepciones-, gruesos, pesados y, ciertamente feos, en apariencia. ¿Cuáles elegir? La mayoría opta por los bonitos… pero suelen tener un gran pero: son ligeros, poco firmes o estables y, por lo tanto, endebles y ¡ bajo precio! Los pedestales pesados usualmente son de metal rellenos de arena sílice o de bloques de madera sólida bastante costosos. La cuestión es que un pedestal firme proporciona al altavoz soporte, estabilidad y neutralidad en el sonido reproducido.

Una creencia de los consumidores es que, al no elegir altavoces de piso o torre, los de “librero” ocuparán menos espacio… Falso. Requerirán del mismo o incluso más. Al separar adecuadamente un altavoz, con su pedestal, se obtienen varios beneficios como mejorar su desempeño, imagen y escenario sonoro. El sonido parece que flota en el aire y no viene precisamente del bafle, frente del altavoz. ¡Maravilloso! Por otro lado, si se quiere colorear el sonido de los altavoces, dependerá de que tan próximas estén las paredes laterales y posterior de los mismos, esto aplica tanto en altavoces de piso como compactos.

En cuanto al término compacto, los altavoces de “librero” pueden ser efectivamente pequeños y/o de dimensiones generosas que definitivamente no tienen cabida o montaje en un librero. Como ejemplo tenemos los altavoces americanos que usualmente ostentan un rango que comienza con woofers de 8” y que, obviamente, emplean gabinetes con suficiente volumen interno para proporcionar una respuesta en bajas frecuencias típicas a los 45 o 60Hz. Su sensibilidad es definitivamente media, alrededor de los 89dB o por arriba incluso, siendo incluso elegidos por los profesionales de la industria como monitores de campo cercano para grabación en estudio. Curiosamente la BBC era la que juzgaba el desempeño de los altavoces fabricados en el Reino Unido de forma tal que las compañías llevaban sus gabinetes a la estación de radio y ésta emitía sus puntos de vista sobre ellos. También hay que considerar que, típicamente, los altavoces en respuesta restringida en graves funcionan mejor en paredes sólidas como usualmente son las construcciones en Mexico y UK, siendo espacios pequeños de manera similar.

Por último, y no menos importante, no todos los altavoces compactos son para escucha dedicada pues hay una gran cantidad de éstos que están diseñados netamente para una escucha casual, ambiental. El tamaño mismo lo muestra, sus herrajes de montaje son solamente para pared, con unidades de bajas frecuencias alrededor de las 2”, las cuales necesariamente tienen que estar acompañados de un subwoofer para aplicaciones 2.1 o de cine en casa multicanal. Y, a pesar de que el tamaño pueda darle una idea de su costo, ciertamente podemos aplicar la máxima de los perfumes: el envase podrá ser pequeño, su desempeño grandioso y su costo elevado.

Para elegirlos, la invitación es a escuchar tres diferentes marcas y modelos con música de amplio rango dinámico, no solamente voz y guitarras, pues únicamente obtendrá la parte agradable en su respuesta media. Así que, hágame caso, entre al reto que saldrá recompensado gratamente.  HT

      

 

 

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